Los familiares de al menos 60 internos en la prisión de Yare III, ubicada en el estado Miranda, han expresado su inquietud ante la falta de información oficial desde diciembre. Las madres y cónyuges de los reclusos manifiestan su temor debido a que muchos de ellos sufren de diversas enfermedades, lo cual aumenta la urgencia de conocer su situación actual. Además, se ha informado que los presos fueron trasladados desde otra cárcel en diciembre, lo que ha intensificado aún más la preocupación debido a las restricciones impuestas para visitar o proporcionar suministros esenciales.
Desde diciembre, las familias de los internos en la cárcel de Yare III han enfrentado un silencio perturbador. Sin respuesta oficial sobre el bienestar de sus seres queridos, la ansiedad crece cada día. Muchos de los detenidos padecen condiciones médicas crónicas que requieren atención constante. La falta de comunicación oficial agudiza la angustia, ya que no se sabe si están recibiendo el cuidado necesario dentro del penal.
La incertidumbre se extiende más allá de la salud física. Los familiares también temen por el estado emocional y mental de los reclusos. Sin noticias ni contacto directo, la preocupación se vuelve abrumadora. El desconocimiento sobre las medidas sanitarias y los tratamientos disponibles dentro de la prisión añade una capa adicional de estrés. Es crucial que las autoridades tomen cartas en el asunto para brindar tranquilidad a estas familias desesperadas por respuestas.
Las limitaciones impuestas por las autoridades penitenciarias han agravado la situación. No se permite llevar alimentos, ropa de cama ni agua a los internos, lo que genera una profunda preocupación por sus condiciones de vida básicas. Esta prohibición dificulta aún más la capacidad de los familiares para asegurarse de que sus seres queridos estén bien alimentados y cómodos en su entorno carcelario.
Para muchas familias, este apoyo externo es vital. Sin la posibilidad de enviar suministros esenciales, temen que los reclusos puedan estar enfrentando situaciones insalubres y desnutridas. La imposibilidad de visitar y verificar personalmente las condiciones de vida dentro de la prisión aumenta la sensación de indefensión. Las restricciones no solo afectan a los internos, sino que también impactan psicológicamente a sus seres queridos, quienes buscan desesperadamente formas de ayudar y mantener el vínculo con sus familiares encarcelados.